Hablando claro sobre “Vice” de Adam McKay



El propaganda film más ambicioso que he tenido la mala fortuna de ver.

Vaya que está bien hecha, “Vice”: audiovisualmente explosiva, con una producción maciza y un guión que entretiene, distrae e informa a pesar de estar repleto de mentiras. Un logro impresionante para Adam McKay. Y, ¿quién iba a sospechar que el otrora director de comedias se convertiría en el favorito de la CIA? Con “The Big Short” demostró su valía para la organización y dos o tres años más tarde lo premian subiendo las apuestas, el presupuesto y dándole las llaves del castillo.

El único Oscar que se llevó fue al Mejor Maquillaje y vaya que se lo merece, las transformaciones son notables y lucen naturales, no exigen atención.  En general el nivel actoral estuvo en la estratósfera y las quejas probablemente están de más, pero: Christian Bale y Sam Rockwell estuvieron casi perfectos en lugar de perfectos, inaceptable para artistas de su calibre. Un tanto decepcionante estuvo la mejor actriz de su generación, Amy Adams, probablemente afectada por un personaje sin mayores características interesantes. Más abajo en el escalafón encontramos a Steve Carell, al cual jamás compré como Donald Rumsfeld. Decepcionante considerando el nivel que alcanzó en “The Big Short”, pero hey…

Esta película está repleta de desinformación; la mezcla de ficción con realidad, de mentiras con hechos. Es una obra de arte en este aspecto. El truco de magia consiste en confesarle al público uno que otro horrible pecado cometido por Dick Cheney y secuaces, generando cierto odio mezclado con respeto hacia los sujetos, mientras por debajo cuelan el verdadero mensaje: una sarta de mentiras sin pie ni cabeza. Muestran la historia oficial sin mayor modificación, lo que el hombre común ya asume como real sobre esos mandatarios en particular. Es decir, refuerza una sarta de mentiras ya fritas y refritas.

Con el montaje se arriesgaron, es violento y lleno de recursos. Potencialmente pudo ahuyentar a cierta parte del público objetivo de la obra, pero por otro lado le añadió un aire de sofisticación a la misma. Personalmente considero que el humor que contiene el guión sólo da en el blanco la mitad de las veces, pero puedo ver al grueso de la población riéndose de todo eso y por lo tanto debo respetarlo. En general la película funciona.

Me quito el sombrero ante Adam McKay, vendió todo lo que la CIA tiene para ofrecer dentro de un paquete que parece atacar pero en realidad ensalza a uno de los personajes más despreciables de los últimos siglos. El monólogo final le lava la cara a Dick Cheney al presentar su versión de los hechos de frente y sin interrupciones. El descaro de esta escena no tiene límites. El descaro de toda la película no tiene límites. Adam McKay es un genio. Un genio del mal.

Considérenla una especie de “Abraham Lincoln: Vampire Hunter” un tanto más fantasiosa, pero igual se lleva:

Calificación subjetiva: 16/ 20.

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